LA CREATIVIDAD SIGUE SONANDO FUERTE: CELEBRAMOS EL DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO CON LA SEGUNDA EDICIÓN DE NUESTRO CONCURSO LITERARIO INTERNACIONAL SCHOOL OF ROCK LATAM.
El Día Internacional del Libro 2026 volvió a demostrar que en School of Rock la creatividad no se detiene en los instrumentos. Bajo el tema central «Canciones que cambiaron mi vida», y por segundo año consecutivo, alumnos de los ocho países de la red respondieron a la convocatoria del concurso literario regional con textos que sorprendieron por sus puntos de vista, originalidad y valentía.
El certamen contempló las categorías Rock 101 (8 y 12 años) y Performance (13 a 18 años), reuniendo un total de 48 participantes de distintos países de la red. Una participación que reafirma algo que ya sabíamos: la sensibilidad artística de estos jóvenes no cabe solo en el escenario.
Una mención especial merece Sofía A., alumna de School of Rock Bogotá, quien se consagró por segundo año consecutivo como ganadora de la categoría Performance, consolidándose como una de las voces literarias más destacadas de nuestra comunidad.
Los textos ganadores de ambas categorías se incluyen en esta edición de la revista. Felicitamos a todos quienes participaron y agradecemos el entusiasmo con que recibieron esta segunda versión del concurso, que sigue consolidándose como un espacio para inspirar, cultivar y compartir los talentos de nuestros estudiantes.
CATEGORÍA ROCK 101
PRIMER LUGAR: “La playlist del viaje épico“ - Benicio P., School of Rock Pilar (Argentina)
El otro día íbamos en el auto camino al colegio, como todas las mañanas. El viaje pintaba aburrido, no es una distancia larga, pero a esa hora y sin humor se hace eterno y yo ya estaba cansado de mirar por la ventana. Mi hermanito venía jugando con un muñeco de Batman, un poco y otro poco, discutiendo por el espacio con mi hermana. Mi mamá buscaba qué escuchar, hasta que mi papá dijo: "¡Pongan el Modo Fiesta!".
Conectó su celu al auto y de repente empezó a sonar una canción que tenía un drop increíble. ¡El bajo hacía que los asientos vibraran como si estuviéramos en una nave espacial! Era una playlist compartida donde todos habíamos agregado nuestros temas favoritos. Podías encontrar cualquier cosa, desde un rock hasta un reggaetón.
Fue lo mejor del viaje. Mis hermanos dejaron de pelear y empezaron a hacer un baile de Fortnite, mi mamá subió el volumen mientras todos cantábamos el estribillo a los gritos. Hasta usamos las linternas de los celulares para simular una fiesta de luces.
Esa playlist algo me cambió, porque me di cuenta de que no necesito estar pegado a una pantalla para divertirme. Y que el humor se puede modificar muy rápidamente con una canción. Estar ahí con ellos, saltando en el asiento y haciendo air guitar mientras esperábamos en los semáforos fue como estar en un videoclip. Ahora, cada vez que escucho ese tema en mis auriculares, cierro los ojos y siento que estoy otra vez ahí, con mi familia, siendo los más felices de la ruta.
SEGUNDO LUGAR: “El niño que creó el rock“ - Giulia B., School of Rock Lima (Perú)
Había una vez un niño llamado Sebastián. Tenía 16 años y vivía en España, hasta que su mamá le dijo que se mudarían a Colombia.
A Sebastián le gustaba la música pop, pero en esa época era difícil de encontrar. Lo más común era la música clásica. Cuando llegó a Colombia y salió a conocer la ciudad, descubrió que allí había todavía más. Se tapó los oídos.
Una hora después seguía igual. Su mamá lo llamó: “¡Sebastián, Sebastián!”, pero él no la escuchaba. Ella pensó que la ignoraba y, molesta, lo castigó.
En su habitación, Sebastián pensó que podría crear su propia música: una con distorsión, que se llamaría ROCK. Se inspiró en tres instrumentos e imaginó la guitarra eléctrica, el bajo y la batería.
Reunió a sus amigos, que también estaban aburridos de lo mismo. Por suerte, los papás de ellos eran ingenieros. Hicieron los bocetos, les encantaron y, tras tres años, fabricaron los instrumentos soñados. Sebastián también creó los amplificadores y un teclado eléctrico.
Por fin formaron la banda: Sebastián en la guitarra, Santiago en el bajo, Giulia en la batería, Einar en el teclado y Aurora como cantante estrella.
Su primer concierto en Colombia fue un éxito. El video se hizo viral y los contrataron para una gira mundial. Sebastián y sus amigos no podían creer lo felices que eran. Al regresar, decidieron fundar una escuela de Rock, para que más niños disfrutaran su pasión.
CATEGORÍA PERFORMANCE
PRIMER LUGAR: “Siempre empieza igual “ - Sofía A., School of Rock Bogotá (Colombia)
Siempre empieza igual: trompetas alegres y un ritmo bailable. ¿La diferencia? Ahora está llenando el bus sin pedir permiso. Nadie eligió la canción, pero ahí está, ocupándolo todo. Él deja atrás un mes que no sabe repetir: risas que parecían eternas, ventanas abiertas, nombres que ya pesan distinto. La ciudad se desarma en la ventana y cada semáforo es una pausa que no alcanza. Hace un mes todo era nuevo; ahora todo es pasado antes de llegar, y el regreso se siente más definitivo de lo que debería.
Mirando el celular más de lo necesario, como si repetir las fotos pudiera devolverle algo de lo que ya no está. Esos momentos, risas y personas que por siempre extrañará. Atrás, las voces se mezclan entre risas y alivio; algunos celebran volver. Él no. Él sigue pensando en lo que habría pasado si se quedaba, como si esa posibilidad todavía existiera en algún lugar fuera de su alcance.
Entonces la reconoce. No es solo una canción feliz: es esa canción, la que sonó la última noche cuando nadie quiso hablar del final, la que llenó los silencios y escondió despedidas que nadie se atrevió a decir en voz alta. El bus no se detiene y la canción tampoco, y en medio de ese ruido entiende algo que llega tarde: no extraña el lugar, ni siquiera el tiempo. Extraña quién fue mientras esa canción sonaba. Lo ligero pesa. Lo que avanza marca lo que se pierde. Cuando termina, ya no intenta repetir las fotos. Sabe que no va a volver.
SEGUNDO LUGAR: “I Feel So Free “ - Mia C., School of Rock Nordelta (Argentina)
Tizas, papeles rotos y garabateados, miradas sutiles pero perversas, proyectiles hechos con crayón, vocecitas finas y cortantes como un canto fúnebre.
Así es cómo, ahora que estoy a pocos pasos de la adultez, recuerdo mis primeros y distantes años en esta larga etapa educativa.
Lo entiendo; es difícil imaginar que en un espacio de no más de 45 metros cuadrados repleto de niños, se puedan hallar mentes tan ruines y malintencionadas. Yo tampoco creía posible el llanto desconsolado e intentos infructuosos para no ir al colegio, hasta que pasó. Fue duro, pero en retrospectiva, me ayudó a conocer mucho sobre las relaciones interpersonales, la socialización, y algo incluso más crucial para mí…
Madonna.
Sí, parece absurdo e inconexo, pero si hay alguien que me ayudó a sobrepasar esta fase crítica, fue ella. Había algo en ese pop ochentero, con letras pegadizas y los atuendos provocadores y vanguardistas que me liberaba. La figura de la “Reina del Pop” tenía un je ne sais quoi que me hipnotizó desde el primer momento en que encontré uno de sus discos, desgastado y con el plástico rasguñado, en una caja asfixiada de CDs. Me llenaba de seguridad, me hacía sentir poderosa e implacable. ¿Cómo era posible semejante impacto?
Todavía no lo entiendo, pero aprendí que no siempre hay una razón para todo, y que a veces, no hay que enroscarse en el porqué, sino en el impacto positivo que eso tuvo en uno mismo. El impacto que esa radiante mujer tuvo en mí.